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Hoy es 5 de julio: Día de la Independencia de #Venezuela La independencia de Venezuela fué el proceso jurídico-político desarrollado entre 1810 y 1830 con el fin de romper los lazos coloniales que existían entre la Capitanía General de Venezuela y el Imperio español. También implicó el reemplazo de la monarquía absoluta por la república como forma de gobierno en Venezuela. La independencia de Venezuela produjo el conflicto armado conocido como Guerra de Independencia de Venezuela entre los ejércitos independentistas y realistas. El 5 de julio de 1811, fecha en que fue declarada la independencia de Venezuela, es celebrado en Venezuela como su día nacional. El periodo histórico entre 1810 y 1830 ha sido dividido por la historiografía venezolana en cuatro partes: Primera República (1810-1812), Segunda República (1813-1814), Tercera República (1817-1819) y la Gran Venezuela (1819-1830). Causas Capitanía General de Venezuela en 1810. Fernando VII, ante un campamento, de Francisco de Goya. Entre los factores influyentes se destacan el deseo de poder de los equipos criollos que poseían el estatus social y económico pero no político, la introducción de las ideas del Enciclopedismo, la Ilustración, la declaración de Independencia de los Estados Unidos, la Revolución francesa, la Revolución haitiana y el reinado de José I de España. Antecedentes A finales del siglo XVIII tienen lugar los primeros conatos independentistas en Venezuela. La primera de ellas es una rebelión armada en 1795 con José Leonardo Chirinos a la cabeza. La otra se trata de una conspiración por parte de Manuel Gual y José María España, en 1797, y es la primera de raíces populares. Ambas intentonas resultan fallidas, con sus respectivos líderes ejecutados. Francisco de Miranda, por su parte, intenta dos veces en 1806 invadir el territorio venezolano por La Vela de Coro con una expedición armada proveniente de Haití. Sus incursiones terminan en fracasos por la prédica religiosa en su contra y la indiferencia de la población. La Conjuración de los Mantuanos fue un movimiento que estalló en Caracas en 1808. Los mantuanos, quienes constituían el grupo social más poderoso de la sociedad, encabezaron un intento para constituir una Junta de Gobierno que rigiese los destinos de la Capitanía General de Venezuela a raíz de la invasión de España por Napoleón. Primera República El 19 de abril de 1810, de Juan Lovera. Muestra la destitución del capitán general Vicente Emparan. El capitán general Vicente Emparan fue obligado a renunciar a su cargo el 19 de abril de 1810 por el cabildo de Caracas. Esa misma tarde el cabildo se constituyó como Junta Suprema conservadora de los derechos de Fernando VII. La Junta Suprema de Caracas procuró la adhesión de las demás provincias de la Capitanía General de Venezuela al movimiento. Se dieron pronunciamientos favorables en Cumaná y Barcelona el 27 de abril, Margarita el 4 de mayo, Barinas el 5 de mayo, Mérida el 16 de septiembre y Trujillo el 9 de octubre. La Guayana se pronunció el 11 de mayo a favor de la Junta Suprema de Caracas, pero al tener conocimiento el 3 de junio de la instalación en España del Consejo de Regencia, reconoció a ésta como autoridad legítima y se alejó de la revolución caraqueña.2 Las Provincias de Coro y Maracaibo se mantuvieron fieles al Consejo de Regencia.2 Supremo Congreso de Venezuela Artículo principal: Primer Congreso Nacional de Venezuela El carácter de la Junta Suprema de Caracas como "conservadora de los derechos de Fernando VII" no le permitía ir más allá de la autonomía proclamada el 19 de abril. Por esa razón, la Junta convocó a elecciones para instalar un Congreso Constituyente ante el cual declinar sus poderes y que decidiera la suerte futura de las provincias venezolanas. La convocatoria al Congreso fue hecha en junio. Fue acatada por las provincias de Caracas, Barquisimeto, Cumaná, Barcelona, Mérida, Margarita y Trujillo; mas no por las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana. Las elecciones se practicaron entre octubre y noviembre de 1811. El reglamento electoral era censitario pues daba el voto a los hombres libres, mayores de 25 años (o mayores de 21 si eran casados) y propietarios de 2.000 pesos en bienes muebles o raíces.3 No había voto para las mujeres, los esclavos y los carentes de bienes de fortuna.3 El reglamento dispuso, además, que las elecciones se hicieran en dos grados: primero, los votantes nombraban a los electores de la parroquia; y luego, estos electores, reunidos en asamblea electoral en la capital de la provincia, designaban los representantes al Congreso, a razón de un diputado por cada 20.000 habitantes.3 Realizadas las elecciones, resultaron electos 44 diputados al Congreso. Las provincias estuvieron representadas así: Caracas 24 diputados; Barinas 9; Cumaná 4; Barcelona 3; Mérida 2; Trujillo 1; Margarita 1. El Supremo Congreso de Venezuela se instaló el 2 de marzo de 1811 en la casa del Conde de San Javier (actual esquina El Conde en Caracas).3 El 5 de marzo de 1811 la Junta Suprema de Caracas cesó en sus funciones.2 Sociedad Patriótica Con la fundación de la Sociedad de Agricultura y Economía, no tardó mucho tiempo para que esta organización se volviera la principal promotora del rompimiento con España. Entre sus miembros se encontraban José Félix Ribas, Antonio Muñoz Tébar, Vicente Salias y Miguel José Sanz. En sus sesiones discutían sobre economía, política, asuntos civiles, religiosos y militares. Llegó a contar con hasta 600 miembros solamente en Caracas y con filiales en Barcelona, Barinas, Valencia y Puerto Cabello.4 El periódico del Patriota Revolucionario, dirigido por Salías y Muñoz Tébar, fue desde junio de 1811 su órgano divulgativo. La incorporación del Generalísimo Francisco de Miranda y del joven Simón Bolívar, dio a la sociedad un carácter revolucionario. Las críticas del régimen colonial, la difusión de las ideas separatistas y la presión ante el Congreso para que declarara la independencia fueron las acciones más importantes de la Sociedad Patriótica. Declaración de independencia Boceto para la Fima del Acta de Independencia, de Martín Tovar y Tovar. Facsímil del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela. En el Supremo Congreso de Venezuela habían dos facciones en pugna: los separatistas y los fidelistas. Los separatistas eran partidarios de la independencia de Venezuela, mientras que los fidelistas eran fieles al rey Fernando VII. A medida que se fueron desarrollando las sesiones del Congreso, la idea de la independencia fue ganando adeptos en el seno del mismo. Muchos diputados la apoyaron con apasionados alegatos, otros con argumentos históricos. El 2 de julio se presentó en el Congreso una moción sobre la independencia.5 El 3 de julio de 1811 se inició el debate en el Congreso.5 El 5 de julio se procedió a la votación.5 La independencia fue aprobada con 40 votos a favor. De inmediato, el presidente del Congreso, diputado Juan Antonio Rodríguez, anunció que estaba "Declarada solemnemente la Independencia absoluta de Venezuela". Francisco de Miranda y otros miembros de la Sociedad Patriótica encabezaron una masa popular que recorrió las calles y plazas de Caracas, aclamando la independencia y la libertad.5 Juan Escalona, quien presidía el primer triunvirato independentista, lanzó una proclama a los habitantes de Caracas dándoles a conocer que el Congreso había votado por la independencia absoluta. Los diputados acordaron llamar a la nueva república como Confederación Americana de Venezuela y nombraron una comisión para decidir sobre la bandera y la redacción de una Constitución. El diputado Juan Germán Roscio y el secretario del Congreso, Francisco Isnardi, elaboraron el Acta de la Declaración de Independencia.5 La misma fue aprobada por los diputados el 7 de julio. El 13 de julio de 1811 se aprobó la bandera de Venezuela, la cual se basó en el diseño realizado por Francisco de Miranda en 1806. El 14 de julio en un acto público y solemne fue izada por primera vez esta bandera. El 21 de diciembre de 1811, el Congreso aprobó la Constitución Federal de los Estados de Venezuela de 1811.3 El 15 de febrero de 1812 el Congreso suspendió sus sesiones y acordó trasladarse a Valencia, designándola Ciudad Federal el 1 de marzo de ese mismo año, cuando reanudó sus sesiones.3 Toma de Valencia[editar] El 11 de julio de 1811, seis días después de la Declaración de la Independencia, estallaron dos insurrecciones, la de los isleños canarios en Caracas que fue controlada con rapidez, y la insurrección de Nuestra Señora de la Anunciación de la Nueva Valencia del Rey. Los mantuanos, que no toleraban a los patriotas, nombraron comandante al Marqués del Toro para enfrentar la sublevación valenciana, pero el 15 de julio es derrotado. Entonces, Francisco de Miranda, a los 61 años, es nombrado Comandante en Jefe del Ejército y sale con sus tropas hacia Valencia el día 19. Las acciones de calles y plazas fueron reñidas. Francisco de Miranda ordena atacar las posiciones más fuertes de los rebeldes y el 23 de julio los republicanos toman la ciudad. Caída de la Primera República[editar] Miranda en La Carraca (1896), El Generalísimo Francisco de Miranda es considerado como el precursor de la Emancipación Americana del Imperio español. El 26 de marzo de 1812 a las 4 de la tarde, un terremoto destruyó Caracas ocasionando grandes daños y la muerte de cerca de 20.000 personas. Ese mismo año Bolívar perdió el control de Puerto Cabello y Francisco de Miranda capituló en San Mateo ante el jefe realista Domingo Monteverde, firmando un acuerdo que consistió en la entrega de las armas por parte de los patriotas. A cambio, los realistas respetarían personas y bienes. Cuando Miranda se dirigió a embarcarse en la La Guaira, es detenido -junto a otros 8 jefes- por sus antiguos camaradas, entre los que se encontraba el joven Simón Bolívar. Los apresados fueron acusados de dilapidar los caudales públicos y seguidamente entregados a los realistas. Miranda es encarcelado en Puerto Cabello, después fue trasladado a Puerto Rico y por último al Arsenal de la Carraca, en Cádiz, donde falleció en 1816. Segunda República[editar] Artículo principal: Segunda República de Venezuela Santiago Mariño, uno de los próceres de la Independencia, comandó la Campaña de Oriente. Acabada la primera República, los principales responsables políticos y militares de la Independencia se exilian. Bolívar escribe el Manifiesto de Cartagena donde analiza las razones del fracaso de la república y el futuro de los países que participan en este proceso, los que luego formarán la Gran Colombia. Fue escrito en Cartagena de Indias (Colombia), el 15 de diciembre de 1812. Entre las causas políticas, económicas, sociales y naturales mencionadas por Bolívar destacan: El uso del sistema federal, al cual Bolívar considera débil para la época. Mala administración de las rentas públicas. El terremoto de Caracas de 1812. La imposibilidad de establecer un ejército permanente. La influencia contraria de la Iglesia Católica. En el bando realista, Monteverde, engreído por su éxito, se niega a entregar el poder al general Fernando Mijares, llegado a Puerto Cabello desde Puerto Rico y nombrado Capitán General por la Regencia. Faltando a lo pactado con Miranda, inicia una represión contra los patriotas con la finalidad de preparar el terreno para ejecutar sus planes de invasión de la República de la Nueva Granada, declarada independiente del poder español. Enterado de sus intenciones, Bolívar solicita su incorporación al ejército neogranadino y apoyo logístico para posteriormente iniciar las operaciones militares de lo que se conoce en la historia con el nombre de "Campaña Admirable". El 8 de enero de 1813 ocupó a la ciudad de Ocaña, (la segunda en importancia en Norte de Santander, después de Cúcuta) después de haber dejado el paso libre en el Magdalena Medio, consiguiendo así la navegación entre Bogotá y Cartagena. El 16 de febrero sale rumbo a Cúcuta pues había peligro por la presencia de Ramón Correa y sus fuerzas realistas. En su recorrido venció una fuerza enemiga que le cerraba el paso en La Aguada. El 28 del mismo mes se llevaba a cabo lo que hoy en día se conoce como Batalla de Cúcuta, con la cual se le dio la independencia a esta ciudad. El Libertador solicitó ayuda al gobierno neogranadino a través del Manifiesto de Cartagena, la cual le fue concebida por las acciones que ya había llevado a cabo en ese país. Antonio Ricaurte. "Libertad a la patria ofrendó la proeza inmortal de Ricaurte, que en tierra aragüeña su Olimpo encontró.".6 En los seis primeros meses de 1813, la resistencia de los realistas se derrumba. Monteverde es derrotado y herido. Se retira a Puerto Cabello, donde sus soldados lo deponen del mando. La guerra continúa con dos campañas paralelas, inconexas pero efectivas, una desde Oriente, comandada por el general Santiago Mariño, conocida como Campaña de Oriente, y otra desde Occidente, comandada por Bolívar, conocida como Campaña Admirable. Cumaná es liberada el 3 de agosto de 1813 por Mariño; Bolívar entra el 6 de agosto a Caracas. La reconquista de Caracas por parte de los republicanos es para los historiadores el hito que marca el inicio de lo que han llamado la Segunda República. Bolívar, desde Caracas, proclama la guerra a muerte con exterminio de la raza española. La Municipalidad de Caracas le confiere a Bolívar el título de "El Libertador" y "General en Jefe del ejército Republicano". El año siguiente es nombrado Jefe Supremo. La situación militar se complica por la aparición de la figura de José Tomás Boves, asturiano, que organiza un ejército que lucha en el bando de los realistas, y que subleva a la población negra o mestiza en contra de los blancos venezolanos, es decir, quienes dirigen el proceso independentista. En opinión de algunos historiadores, Boves se aprovechó del resentimiento social existente en este grupo. A partir de febrero de 1814 se produjo una serie de encuentros entre patriotas y realistas en un área que comprende desde el lago de Valencia hasta San Mateo, es decir, en lo que se conoce como los Valles de Aragua. En la casa alta de la hacienda San Mateo, propiedad de Simón Bolívar, se colocó el parque cuya custodia fue encomendada al capitán Antonio Ricaurte y a una pequeña tropa de 50 soldados. Durante el ataque realista, Francisco Tomás Morales se apoderó del Ingenio mientras una de sus columnas, - bajando por la fila de Los Cucharos - tomó la «casa alta». No fue capturado el parque por dicha columna porque lo impidió su custodio. el capitán Antonio Ricaurte, quien, al ver tropas realistas en condiciones de capturar aquel depósito, prendió fuego a la pólvora y lo hizo volar el 25 de marzo de 1814, con lo cual pereció él y aquellos que se hallaban dentro del recinto. Bolívar aprovechó el desorden momentáneo que se produjo entre los atacantes y lanzó un contraataque, con el cual reconquistó la «casa alta». La estatua que inmortaliza el gesto heroico de Ricaurte en el "Ingenio Bolívar en San Mateo" es una obra del escultor Lorenzo González. En 1814 se suceden cruentas batallas, represalias contra la población civil de ambos bandos, y el asedio de las ciudades. La población de Caracas, amenazada ante la llegada inminente de Bóves, debe huir a oriente. Los historiadores marcan la batalla de Maturín, el 11 de diciembre de 1814, como el fin de la Segunda República. Culminada la Campaña Admirable con la entrada a Caracas, Bolívar abre nuevamente operaciones contra la reacción española que pronto se hizo sentir en gran parte del país. Desde Caracas envió a los tenientes coroneles Tomás Montilla a los llanos de Calabozo que eran amenazados por Boves y Vicente Campo Elías a pacificar los valles del Tuy, donde había estallado una rebelión. Boves derrota una avanzada de Montilla en el sitio de Santa Catalina tras lo cual este se retira a Caracas y Boves entra en Calabozo sin oposición. En los valles del Tuy Campo Elías llega a Ocumare del Tuy el 26 de agosto y en poco tiempo logra la pacificación de la región tras lo cual regresa a Caracas. En la capital recibe órdenes de dirigirse a Calabozo para apoyar a Montilla lo que resulta en la derrota de Boves en Mosquiteros el 14 de octubre. General José Félix Ribas. Bolívar se dirige a Valencia con la columna de Urdaneta donde hace una concentración de tropas y las divide en 3 columnas: la primera comandada por García de Serna a Barquisimeto contra el indio Reyes Vargas, la segunda dirigida por Atanasio Girardot hacia Puerto Cabello por el camino de Aguas Calientes, y la tercera de Rafael Urdaneta también hacia Puerto Cabello pero por el camino de San Esteban. García de cerna triunfa sobre Reyes Vargas en Cerritos Blancos mientras que en Puerto Cabello, Urdaneta y Girardot tomó las fortalezas de Vigía alta, Vigía baja y el pueblo exterior. Monteverde recibe refuerzos y lanza una ofensiva sobre Valencia, Bolívar lo espera en Naguanagua y el 30 de septiembre lo derrota en la batalla de Bárbula. Los realistas son derrotados nuevamente en la batalla de Trincheras, el 3 de octubre. Monteverde se retira a Puerto Cabello y Bolívar vuelve a Caracas tras destacar a Urdaneta contra Coro. La derrota de la primera República Venezolana en 1812 dejó en el Libertador la más profunda huella, pero sobre todo, la más honda lección acerca de la importancia cardinal que la unidad tenía para el triunfo de la revolución. "Nuestra división y no las armas españolas nos tornaron a la esclavitud", había escrito en su célebre Manifiesto de Cartagena haciendo el balance de esos años. La Campaña Admirable comenzó el 28 de febrero de 1813 con la Batalla de Cúcuta contra el coronel Ramón Correa donde el Mariscal de Campo Ribas dio el golpe decisivo con una carga de bayoneta al centro de las líneas realistas.7 No olvidaba el Libertador que la primera y segunda Repúblicas se habían derrumbado porque la revolución se había orientado exclusivamente a la eliminación de los privilegios personales o fueros de naturaleza feudal, y a la proscripción de títulos nobiliarios en beneficio exclusivo de los ricos propietarios venezolanos o neogranadinos; sin tener en cuenta para nada a la masa de esclavos o campesinos pobres que constituían el grueso del ejército independentista. "Nuestras armas, por siempre triunfales, humillaron al fiero español, del clarín a las voces marciales que oyó en sus montañas la tierra del sol. Coronó nuestras cumbres de gloria cuando Ribas la espada blandió, y a su homérico Afán La Victoria con sangre opresora sus campos regó."8 Decreto de Guerra a Muerte por el Coronel Alexander Torres[editar] Artículo principal: Decreto de Guerra a Muerte El Libertador Simón Bolívar firmando el Decreto de Guerra a Muerte contra los españoles. La muerte de Girardot en Bárbula - Óleo de Cristóbal Rojas. El coronel Atanasio Girardot se unió a Simón Bolívar en la denominada Campaña Admirable del Libertador y combatió con gallardía al frente de varios batallones que lograron ocupar las ciudades de Trujillo y Mérida. En el avance de Bolívar hacia Caracas, Girardot se encargó de la retaguardia desde Apure, hasta alcanzarlo cerca de la ciudad de Naguanagua, junto al cerro de Bárbula, donde habrían de enfrentarse con el ejército realista comandado por Domingo Monteverde. El 26 de agosto de 1813, Bolívar se encargó personalmente del asedio contra la plaza de Puerto Cabello. El 16 de septiembre arribaron refuerzos enemigos, por lo que Bolívar decidió emprender la retirada hacia el pueblo de Naguanagua. Ante la retirada patriota, el realista Monteverde movilizó sus tropas hasta situarse en el sitio de Las Trincheras, enviando una columna de hombres a tomar posición en las alturas de la hacienda Bárbula. Bolívar decide enviar el 30 de septiembre las tropas de Girardot, Urdaneta y DElhuyar, quienes finalmente consiguieron el desalojo de los realistas, pero pagando el alto precio del sacrificio del coronel Girardot, quien muriera al ser alcanzado por una bala de fusil cuando trataba de fijar la bandera nacional en la altura conquistada, durante la Batalla de Bárbula. El Decreto de Guerra a Muerte fue una declaración hecha por Simón Bolívar el 15 de junio de 1813 en la ciudad venezolana de Trujillo. Según lo expresa el Libertador, el 15 de junio fue creada como respuesta a varios crímenes y masacres realizados por soldados españoles tras la caída de la Primera República, contra miles de republicanos. El objetivo del documento era cambiar la opinión pública sobre la guerra venezolana de liberación, para que en vez de ser vista como una mera guerra civil en una de las colonias de España, fuera vista como una guerra internacional entre dos países, Venezuela y España. Proclamaba que todas las personas españolas en América del Sur que no participaran activamente en favor de su independencia serían asesinadas, y que todos los sudamericanos serían perdonados, incluso si cooperaban (pasivamente) con los españoles. La "guerra a muerte" fue practicada por ambos bandos. Así, entre 1815 y 1817 fueron asesinados varios ciudadanos distinguidos de Nueva Granada a manos de los españoles, y en febrero de 1814 varios prisioneros españoles fueron ejecutados en Caracas y La Guaira por órdenes de Bolívar. "Españoles y Canarios, contad con la muerte, aún siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aún cuando seáis culpables.Decreto de Guerra a Muerte, 15 de junio de 1813" La Declaración duró hasta el 26 de noviembre de 1820, cuando el general español Pablo Morillo se reunió con Bolívar para declarar como guerra convencional a la guerra de independencia. Batalla de Araure[editar] Artículo principal: Batalla de Araure Entrega de la bandera del Numancia al batallón sin nombre", óleo sobre lienzo, por Arturo Michelena. Tras el final de la Campaña Admirable, los republicanos se encontraban en campaña contra los realistas en el centro occidente de Venezuela. En una de esas batallas, cerca de Barquisimeto, los republicanos se enfrentaron a los realistas dirigidos por José Ceballos el 10 de noviembre. Los republicanos fueron derrotados por la falta de coordinación entre el ejército. Profundamente molesto, el Libertador]] ordenó fusionar los restos de los batallones Aragua, Caracas y Agricultores que habían participado en la batalla, en un solo batallón que no recibiría nombre. Venezuela estaba bajo el control de los patriotas a mediados de 1813, a excepción de las provincias de Guayana y de Maracaibo. En septiembre de 1813 los realistas recibieron refuerzos desde Cádiz extendiéndose a los enfrentamientos armados por todo el país, mientras los éxitos de los patriotas continuaron hasta fines de 1813. En estos encuentros destaca la Batalla de Araure, en la que Simón Bolívar venció a José Ceballos. El 3 de diciembre de 1813 tuvo conocimiento Simón Bolívar de que las fuerzas realistas (3.500 hombres), bajo el mando del brigadier José Ceballos, se habían reunido con las de José Yáñez en la villa de Araure del Estado Portuguesa; y en virtud de ello, dispuso que todos los cuerpos que se hallaban en El Altar y Cojedes concurriesen a la concentración que se llevaría a cabo en el pueblo Aguablanca. El día 4 marcharon los republicanos hacia Araure y acamparon a unos 1.000 m del poblado, frente a los realistas, los cuales se habían desplegado a la entrada de la montaña del río Acarigua; con sus alas apoyadas en sendos bosques y cubierto su frente por un pequeño lago, su espalda estaba guarnecida por un bosque, disponían, además, de 10 piezas de artillería. El coronel Florencio Jiménez, comandante del Caracas, fue designado como el comandante del Batallón sin nombre. Para mayor humillación, el batallón recibió lanzas en lugar de fusiles como arma de combate. El batallón se convirtió en la burla del ejército republicano, hasta que recibió su oportunidad de probar de nuevo su valor el 5 de diciembre de 1813 en Araure. En la batalla de Araure, la acción del batallón sin nombre resultó decisiva. Armados solamente con lanzas atacaron al batallón Numancia (uno de los mejores batallones españoles) y lograron desordenar sus cuadros, forzándolos a retirarse.9 El día 5, la descubierta republicana empeñó la acción y de inmediato se vio flanqueada y cortada por una columna de caballería, la pequeña fuerza atacante fue virtualmente destruida. Entre tanto, Bolívar desplegaba en batalla sus divisiones, para reanudar el ataque. El coronel Manuel Villapol se colocó a la derecha; el coronel Florencio Palacios en el centro y el teniente coronel Vicente Campo Elías, con el batallón Barlovento, a la izquierda. La caballería cubría los 2 flancos del dispositivo. Como reserva fue destinado un cuerpo de caballería. Ante el ataque republicano, Ceballos hizo marchar su caballería contra la derecha de los atacantes, para distraerlos y desordenarlos, pero Bolívar, atento a este movimiento, empeñó su reserva, la cual desordenó y puso en fuga a la caballería contraria. Esta intervención de Bolívar permitió la ruptura del frente enemigo, acción que produjo gran confusión dentro de la posición defensiva, con el consiguiente triunfo de los republicanos. Una división fue encargada de recorrer el campo de batalla, el cual quedó cubierto de cadáveres y suministros de todas las clases, en tanto que de la persecución de los vencidos se encargó el propio Bolívar. Las fuerzas republicanas marcharon ese día a Aparición de la Corteza, donde Bolívar fijó su cuartel general provisional. La Batalla comenzó al amanecer y tuvo una duración de seis horas, aproximadamente. Las tropas realistas eran numéricamente superiores a los efectivos patriotas. Quedaron en poder de los patriotas 200 prisioneros, cuatro banderas y numerosas piezas de artillería. En este solo choque, apasionado y violento, perecieron alanceados más de 500 jinetes de Yañez, el Ñaña de los llaneros. Aquí peleó el batallón que en la pasada jornada de Barquisimeto fue castigado por el Libertador, negándole el nombre y el derecho a llevar bandera. Pero tan valientemente se comportó en la acción, que Bolívar dijo a los soldados al día siguiente: "Vuestro valor ha ganado ayer en el campo de batalla, un nombre para vuestro cuerpo, y aún en medio del fuego, cuando os vi triunfar, le proclamé del Batallón Vencedor de Araure. Habéis quitado al enemigo banderas que en un momento fueron victoriosas; se ha ganado la famosa llamada invencible de Numancia".[cita requerida] Caída de la Segunda República[editar] La Batalla de Urica fue una acción táctica militar de la Guerra de Independencia venezolana librada en el pueblo de Urica en el actual estado de Anzoátegui el 5 de diciembre de 1814, entre el mariscal de campo venezolano José Félix Ribas y José Tomás Boves quien fue reconocido por su extrema crueldad, tanto dentro como fuera del campo de batalla.[cita requerida] Rafael María Baralt le califica de cruel y sanguinario por la aplicación de la ley del talión con que respondió a las acciones de Bolívar. Boves comandó a los realistas en la Batalla de Urica que tuvo como desenlace final, la muerte del temible comandante. Para esta empresa contaba Ribas con 2.000 hombres, al frente de quienes se hallaban José Tadeo Monagas, Pedro Zaraza, Manuel Cedeño, Francisco Parejo y otros. Al llegar al sitio de El Areo, procedió Ribas a la formación de 2 columnas de caballería de 180 hombres, las cuales recibieron los nombres de Rompelíneas, con Monagas y Zaraza de comandantes. Después de efectuar todos los preparativos para la batalla, el destacamento patriota marchó durante la noche del 4 al 5 de diciembre, para amanecer en Urica frente a los realistas (ya Boves se había incorporado al lugar), desplegados en 3 columnas en una gran sabana. Las hostilidades fueron iniciadas por Boves, cuando salió con su columna a enfrentarse a la que mandaba el coronel Bermúdez, quien pudo rechazar el ataque. Este éxito inicial de los patriotas permitió a Ribas la colocación de sus hombres en línea de batalla y con ellos cargó contra los realistas, quienes respondieron con intenso fuego de artillería. En este momento, ordenó Ribas que las columnas Rompelíneas emprendieran el ataque contra la columna derecha enemiga, lo cual fue ejecutado con éxito. Cuando Boves advirtió que su columna había sido envuelta, salió de su centro precipitadamente y pereció en el choque. El resto de las fuerzas realistas (centro e izquierda), cargaron contra la línea republicana y la envolvió, y con ello obtuvo la victoria, las bajas fueron numerosas en ambos bandos. Tercera República[editar] Artículo principal: Tercera República de Venezuela General Juan Bautista Arismendi óleo sobre lienzo de Martín Tovar y Tovar. Después de la caída de la Segunda República, los líderes patriotas se refugiaron en las islas del Mar Caribe especialmente en Jamaica, Trinidad, Haití y Curazao. Desde allí, y con el apoyo de esos países, especialmente Haití, reanudaron la lucha. Bolívar regresa a la Nueva Granada, para intentar repetir la hazaña de la Campaña Admirable, acción que es rechazada por sus partidarios. Sintiéndose incomprendido en Cartagena de Indias, decide tomar el 9 de mayo de 1815 el camino del destierro hacia Jamaica, animado por la idea de llegar al mundo angloparlante y convencerlo de su cooperación con el ideal de la independencia Hispanoamericana. En Kingston vivirá desde mayo hasta diciembre de 1815, tiempo que dedicó a la meditación y cavilación acerca del porvenir del continente Americano ante la situación sobre el destino de México, Centroamérica, la Nueva Granada, Venezuela, Buenos Aires, Chile y Perú. La Carta de Jamaica es un texto escrito por Simón Bolívar el 6 de septiembre de 1815 en Kingston, en respuesta a una misiva de Henry Cullen donde expone las razones que provocaron la caída de la Segunda República en el contexto de la Independencia de Venezuela. Aunque la Carta estaba originalmente dirigida a Henry Cullen, está claro que su objetivo fundamental era llamar la atención de la nación liberal más poderosa del siglo XIX, Gran Bretaña, a fin de que se decidiera a involucrarse en la independencia americana. Situación en Margarita[editar] Para el año de 1815 el General Juan Bautista Arismendi es Gobernador provisional de la isla Margarita. El acoso español se inició por todo el territorio de la república, durante algunos meses el y su familia viven en las afueras de La Asunción bajo el espionaje y la presión que las autoridades españolas mantienen sobre los simpatizantes de la causa patriota en la isla. En septiembre de 1815 se ordena apresar a Arismendi, éste escapa y se oculta con uno de sus hijos en las montañas de Copey. El 24 de septiembre su esposa Luisa Cáceres de Arismendi, quien se encontraba embarazada, es tomada como rehén para doblegar a su esposo y encerrada bajo la vigilancia en la casa de la familia Amnés, días después es trasladada a un calabozo del Castillo Santa Rosa en La Asunción. Es en ese calabozo oscuro y sin luz de la fortaleza que comienza el suplicio de Luisa por el maltrato y vejámenes cometidos por las tropas españolas ante los cuales ella nunca cederá. Un centinela vigila hasta sus menores movimientos, y es obligada a comer el rancho que le dan como único alimento. Luisa permanece sentada noche y día sin moverse para no llamar la atención del celador. Un día el capellán de la fortaleza de regreso de sus oficios pasa por su puerta y se queda contemplando aquella mujer en actitud de vencida, de humillada. Movido a compasión por su estado logra que le lleven comida de su propia casa, que le supriman el centinela y que le coloquen una luz que ilumine el calabozo durante la noche. Las acciones militares del General Arismendi le permiten hacer prisioneros a varios jefes españoles entre ellos al comandante Cobián, de la fortaleza de Santa Rosa por lo cual el jefe realista Joaquín Urreiztieta propone a Arismendi canjear esos prisioneros por su esposa, tal ofrecimiento no es aceptado y el emisario recibe por respuesta: Diga al jefe español que sin patria no quiero esposa. A partir de aquel momento empeoran las condiciones del cautiverio y se desvanece la posibilidad de libertad al fracasar los patriotas en un intento de asalto de la fortaleza. Habiendo trascurrido un mes desde su prisión oye una noche una gran alarma y se da cuenta de que se prepara un asalto al cuartel. La lisonjea la esperanza de un triunfo de los suyos pero al amanecer, cuando todo está en calma, sólo oye los lamentos de los moribundos y de los heridos de la refriega. Luisa Cáceres de Arismendi. Horas más tarde los soldados la sacan de su prisión para pasearla sobre la explanada del cuartel, donde han sido fusilados los infelices prisioneros. Luisa Cáceres de Arismendi tiembla ante la idea de que ella también va a ser sacrificada, pero estaba equivocada: el objeto de sus verdugos era que se paseara por sobre los cadáveres de los patriotas fusilados, que caminara por sobre aquellos cuerpos sin vida que habían tenido la osadía de querer libertarla. La sangre derramada va a desembocar en el aljibe de la prisión y a Luisa la obligan a calmar su sed con aquella agua putrefacta y pestilente mezclada con la sangre de los suyos. El 26 de enero de 1816, Luisa da a luz una niña que muere al nacer dadas las condiciones del parto y del calabozo en el cual se encuentra prisionera. Durante todo este tiempo se le mantiene incomunicada y sin noticias de sus familiares. Los triunfos de las fuerzas republicanas comandadas por Arismendi en Margarita y por el general José Antonio Páez en Apure determinaron que el brigadier Moxó ordenara el traslado de Luisa Cáceres de Arismendi a Cádiz, por tal razón es llevada de nuevo a la prisión de La Guaira el 24 de noviembre de 1816 y embarcada el 3 de diciembre. En alta mar son atacados por un buque corsario que se apodera de todo el cargamento y los pasajeros son abandonados en la isla de Santa María en las Azores. Imposibilitada de regresar a Venezuela, Luisa llega a Cádiz. Es presentada ante el capitán general de Andalucía, quien protesta por la arbitraria decisión de las autoridades españolas en América y le da la categoría de confinada, luego que paga una fianza y se compromete a presentarse mensualmente ante el juez de alzada. Durante su permanencia en Cádiz, se negó a firmar un documento donde manifestaba su lealtad al Rey de España y renegaba de la filiación patriota de su marido a lo cual respondió que el deber de su esposo era servir a la patria y luchar por libertarla. El destierro transcurre sin noticias de su madre y su esposo. "Cuando la heroína Luisa Cáceres de Arismendi fue tomada prisionera y el jefe realista exigiera la rendición a su esposo quien dijera Sin patria no quiero esposa ella respondió Que mi marido cumpla con su deber que yo sabré cumplir con el mío."10 Expedición de los Cayos[editar] Artículo principal: Expedición de los Cayos General Manuel Piar. La expedición de Los Cayos de San Luis o sencillamente Expedición de los Cayos, es el nombre con el que son conocidas las dos invasiones que desde Haití llevó a cabo el Libertador Simón Bolívar a fines de 1815 ejerciéndola durante el año 1816 con la finalidad de liberar a Venezuela de las fuerzas españolas. Luego de salir del puerto de Los Cayos, en la parte occidental de Haití, la misma se detuvo 3 días en la isla Beata al sur de la frontera entre Haití y Santo Domingo, para continuar su itinerario en el que los primeros días de abril de 1816 se encontraban frente a la costa meridional de la hoy República Dominicana; el 19 de abril de 1816 llegaban a la isla de Vieques cerca de las costas de Puerto Rico, hecho que se celebró con salvas de artillería; el 25 de abril arriban a la islita holandesa de Saba, distante 20 km de San Bartolomé, desde donde se dirigen hacia Margarita, librando el 2 de mayo antes de llegar a ésta, el combate naval de Los Frailes en la que la escuadrilla de Luis Brión sale victoriosa y captura el bergantín español El Intrépido y la goleta Rita. El 3 de mayo de 1816 tocan suelo venezolano en la isla de Margarita, en la que el 7 del mismo mes una asamblea encabezada por el general Juan Bautista Arismendi, ratifica los poderes especiales conferidos a Bolívar en Los Cayos. Luego de esta ratificación, las fuerzas expedicionarias de Bolívar pasan a Carúpano donde finalmente desembarcan y proclaman la abolición de la esclavitud para después seguir a Ocumare de la Costa donde desembarcan y llegan hasta Maracay pero deben retirarse acosados por Morales dejando parte del parque en la playa y la mitad de sus soldados quienes bajo McGregor emprenden la retirada por tierra a través de los valles de Aragua hacia oriente, conocida como la Retirada de los Seiscientos. Tras volver a Haití y organizar una nueva expedición Bolívar zarpó del puerto de Jacmel y llegó a Juan Griego el 28 de diciembre de 1816 y a Barcelona el 31 donde estableció su cuartel general y planeó una campaña sobre Caracas con la concentración de las fuerzas que operaban en Apure, Guayana y Oriente pero tras una serie de inconvenientes abandono el plan y se trasladó a Guayana a tomar el mando de las operaciones contra los realistas en la región. General Carlos Soublette óleo sobre lienzo de Martín Tovar y Tovar. A pesar de los reveses sufridos por los expedicionarios y por el propio Libertador en Ocumare, la importancia histórica de la Expedición de los Cayos radica en que la misma permitió que Santiago Mariño, Manuel Piar y luego José Francisco Bermúdez emprendieran la liberación del oriente del país, y que MacGregor con Carlos Soublette y otros jefes se internaran definitivamente en Tierra Firme, para abrir paso al triunfo definitivo de la República. Desembarco en las Costas[editar] General Gregor MacGregor óleo sobre lienzo de Martín Tovar y Tovar. La Retirada de los Seiscientos fue una travesía de cientos de kilómetros a través de un territorio hostil para los patriotas ocurrida durante la expedición de los Cayos en 1816 luchando durante el trayecto con pocas armas y municiones. Finalizada la retirada los seiscientos se reunieron con las fuerzas patriotas orientales al mando de Manuel Piar con una renovada confianza. Los patriotas venezolanos habían desembarcado en las Costas de Aragua y de allí se dividieron en varias columnas penetrando a través de la selva y llegando hasta Maracay, pero la ofensiva lanzada por Francisco Tomás Morales como respuesta al desembarco los empujo de vuelta hasta las playas. En el desorden que siguió los patriotas se embarcan apresuradamente dejando en la playa la mayor parte del parque que disponían, además de 600 hombres al mando de Gregor MacGregor. Posteriormente el general Santiago Mariño, secundado por José Francisco Bermúdez, marchó sobre Irapa donde atacó y destruyó la guarnición de Yaguaraparo. Luego de la ofensiva llegó a Carúpano, después que los realistas habían abandonado la plaza, el 15 de septiembre se estableció en Cariaco y desde allí, con apoyo de la escuadra de Juan Bautista Arismendi, abrió operaciones contra la ciudad de Cumaná, primogénita del Continente Americano. Luego de algunos éxitos en Maturín y en conocimiento del avance de Santiago Mariño sobre Cumaná y de la retirada de Gregor MacGregor, el general Piar llegó a Chivacoa con 700 hombres y de allí pasó a Ortiz para amenazar a Cumaná y servir de enlace a Mariño y MacGregor. Después de varios enfrentamientos, Piar pasó a la provincia de Guayana, donde operaba el general Manuel Cedeño y unidas sus fuerzas, avanzaron contra la ciudad de Angostura cuya defensa la tenía el brigadier Miguel de la Torre. La expedición de Jacmel desembarca en Barcelona el 31 de diciembre de 1816. Bolívar estableció su cuartel general en la ciudad y desde ahí planeo una ofensiva sobre Caracas que se ejecutaría luego de una concentración de tropas procedentes de las regiones ocupadas por los patriotas: Apure, Guayana y Cumaná. Bolívar ejecutó una "diversión" por la costa de Píritu con el objeto de desviar la atención de los realistas hacia Caracas mientras se desarrollaba la concentración planeada, pero la derrota sufrida en Clarines el 9 de enero de 1817 deja sin efecto dicha diversión, por lo cual Bolívar regresa a Barcelona. Las dificultades políticas y estratégicas obligan a Bolívar a suspender la campaña de Barcelona, de allí parte hacia Guayana donde se encontraba Piar dejando a las fuerzas de Barcelona bajo la jefatura del general Pedro María Freites. Campaña de Guayana[editar] La Campaña de Guayana de 1816 - 1817, fue la segunda campaña llevada a cabo por los patriotas venezolanos en la Guerra de independencia de Venezuela en la región de Guayana luego de la campaña de 1811-1812 que había terminado en desastre. Gral. Rafael Urdaneta. La campaña fue un gran éxito para los republicanos bajo el mando de Manuel Piar con lo que lograron luego de varias batallas expulsar todos los realistas de la región con lo cual quedaron en poder de una región rica en recursos naturales y facilidades de comunicación que sirvió de base para lanzar campañas a otras regiones del país.11 Los Llanos[editar] Vuelvan caras Óleo sobre lienzo 300 x 460 cm (1890) de Arturo Michelena representando el momento en que Páez manda a volver sobre el enemigo.12 Con José Antonio Páez y en Guayana con Manuel Piar. San Félix y Angostura son liberadas en 1818 con lo cual los patriotas contaron con un territorio lleno de muchas riquezas y con salida al mar a través del río Orinoco. José Antonio Páez se entrevista con Simón Bolívar, que venía desde Angostura al sur del Orinoco para integrarse al ejército de Apure en la campaña contra el Guárico. El general Páez reconoció la autoridad de Bolívar y el 12 de febrero de 1818 con la Toma de las Flecheras donde cruzaron el río Apure los lanceros llaneros y se lanzaron al río en sus caballos nadando ante la vista confundida de los realistas y tomaron las embarcaciones españolas. Luego en la batalla de Calabozo, Bolívar sale victorioso sobre Pablo Morillo, Páez se encarga como comandante de la vanguardia de perseguir a los españoles y los derrota en la Uriosa el 15 de febrero de 1818. La Batalla de Las Queseras del Medio fue una importante acción militar llevada a cabo el 2 de abril13 de 1819 en el actual estado Apure de Venezuela en la cual el prócer de la independencia, José Antonio Páez vence acompañado de 153 lanceros a más de 1.000 jinetes de caballería de las fuerzas españolas siendo la más famosa batalla comandada por Páez y en donde se dicta la famosa frase: ¡Vuelvan Caras! (más probablemente: ¡Vuelvan carajo!).14 Cayendo sobre sus perseguidores y destruyendo a la caballería realista que huye de vuelta a su campamento. Las Queseras fue el mayor triunfo de la carrera militar del general Páez, en reconocimiento a la brillante acción, Bolívar lo condecora con la Orden de los Libertadores al día siguiente. Luego de que Páez es ascendido en San Juan de Payara por el Libertador a general de división se libró la campaña de Apure junto a Bolívar contra las tropas de Morillo que habían invadido el Apure. Finalizada la campaña de Apure con la retirada de Morillo a Calabozo, Bolívar inicia la Campaña Libertadora de Nueva Granada y a Páez le corresponden funciones de seguridad y reserva estratégica, vigilar los movimientos de Morillo y cortar en conjunción con el ejército de oriente un posible ataque de Morillo a las fuerzas de Bolívar. Congreso de Angostura[editar] Artículo principal: Congreso de Angostura Mapa de la Gran Colombia. La "Patria Grande". El 15 de febrero de 1819 Bolívar instala el Congreso de Angostura y pronuncia el Discurso de Angostura que fue elaborado en el contexto de las guerras de Independencia de Venezuela y de Colombia.15 En el Congreso se reunieron representantes de Venezuela, Nueva Granada (actualmente Colombia) y Quito (actualmente Ecuador). Las decisiones tomadas inicialmente fueron las siguientes: La Nueva Granada fue renombrada Cundinamarca y su capital, Santa Fe renombrada Bogotá. La Capital de Quito sería Quito. La Capital de Venezuela sería Caracas. La Capital de la Gran Colombia sería Bogotá. Se crea la República de Colombia, que sería gobernada por un Presidente. Existiría un Vicepresidente que suplantaría al Presidente en su ausencia. (Históricamente se acostumbra llamar a la Colombia del Congreso de Angostura La Gran Colombia) Los gobernadores de los tres Departamentos también se llamarían Vicepresidentes. El presidente y vicepresidente se elegirían con voto indirecto, pero para efectos de empezar, el congreso los eligió de la siguiente forma: Presidente de la República: Simón Bolívar y Vicepresidente: Francisco de Paula Santander. En agosto Bolívar invadió su tarea libertadora y sale hacia Ecuador y Perú, y deja a cargo de la presidencia a Santander. A Bolívar se le da el título de "Libertador" y su retrato se expondría en el salón de sesiones del congreso con el lema "Bolívar, Libertador de la Gran Colombia y padre de la Patria" El 17 de diciembre de 1819 se declara la unión de Venezuela y Nueva Granada y nace la República de Colombia. Conocida actualmente como Gran Colombia. Así culmina la Tercera República.16 Ya para entonces, a los españoles solo les quedaba el centro norte del país,(incluyendo Caracas) Coro, Mérida, Cumaná, Barcelona y Maracaibo. Armisticio de Santa Ana[editar] El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Vista de la Plaza Armisticio en los Andes Venezolanos. Después de seis años de guerra, el general español Pablo Morillo acepta entrevistarse con Bolívar en 1820. Luego que fue Libertada Nueva Granada y creada la República de Colombia, Bolívar firma con el general español Pablo Morillo, el 26 de noviembre de 1820, un Armisticio, así como un Tratado de Regularización de la Guerra. El Mariscal Sucre redactó este Tratado de Armisticio y Regularización de la Guerra, considerado por Bolívar como "el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra". El Capitán General Pablo Morillo recibe instrucciones el 6 de junio de 1820 desde España para que arbitrara con Simón Bolívar un cese a las hostilidades. Morillo informa a Bolívar sobre el cese al fuego unilateral del ejército español y la invitación para conferenciar un acuerdo de regularización de la guerra. Los plenipotenciarios de ambos bandos se entrevistan y el 25 de noviembre hacen lo mismo Bolívar y Morillo. El 25 mismo se firma el Armisticio entre la República de Colombia y España el cual suspendía todas las operaciones militares en mar y tierra en Venezuela y confinaba a los ejércitos de ambos bandos a las posiciones que sostenían el día de la firma según lo cual la línea de demarcación entre ambos. La importancia de los documentos redactados por Antonio José de Sucre, en lo que significo su primera actuación diplomática, fue la paralización temporal de las luchas entre los patriotas y los realistas, y el fin de la guerra a muerte iniciada en 1813. El Armisticio de Santa Ana le permitió ganar tiempo a Bolívar para preparar la estrategia de la Batalla de Carabobo, que aseguró la independencia venezolana. El documento, marcó un hito en derecho internacional,17 pues Sucre, fijó mundialmente el trato humanitario que desde entonces empezaron a recibir los vencidos por los vencedores en una guerra. De esta forma se convirtió en pionero de los derechos humanos. Fue de tal magnitud la proyección del tratado que Bolívar en una de sus cartas escribió: "...este tratado es digno del alma de Sucre"... El Tratado de Armisticio tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva. Este Tratado se firmó por seis meses y obligaba a ambos ejércitos a permanecer en las posiciones que ocupaban en el momento de su firma.17 El Tratado de Armisticio fue: "Por el cual desde ahora en adelante se hará la guerra entre España y Colombia como la hacen los pueblos civilizados." Pablo Morillo cuenta en sus memorias que cuando llegó a España, después del abrazo con Simón Bolívar y la firma del Tratado Armisticio de Santa Ana , el Rey de España le reclama y lo llama a presencia y le dice: "Explíqueme cómo es que usted, que triunfó contra los franceses, contra las tropas de Napoleón Bonaparte, llega aquí derrotado por unos salvajes."18 A la cual el General respondió: "Su Majestad, si usted me da un Páez y 100 000 llaneros de Apure a esos a los que usted llama Salvajes, le pongo toda Europa a sus pies."19 Batalla de Carabobo[editar] Artículo principal: Batalla de Carabobo (1821) La Batalla de Carabobo, Consolido la Emancipación de Venezuela Librada por el ejército Libertador bajo el mando supremo del Comandante en Jefe Simón Bolívar el 24 de junio de 1821. Al expirar el armisticio el 28 de abril de 1821 ambos bandos comenzaron una movilización de sus fuerzas, los españoles poseían un despliegue que hacia favorable un combate en detal, venciendo a las divisiones patriotas una a la vez. Los Patriotas comandados por Bolivar, en cambi
Acta de la Declaración de Independencia de #Venezuela l Acta de la Declaración de la Independencia de Venezuela es un documento en el cual representantes de siete de las diez provincias pertenecientes a la Capitanía General de Venezuela en Sudamérica reunidas en la Capilla Santa Rosa de Lima declararon su independencia de la Corona de España, estableciendo una nueva nación basada en principios republicanos y federales, aboliendo para siempre la Monarquía bajo los valores de la igualdad de los individuos, la prohibición de la censura y la libertad de expresión. Consagra el principio constitucional y se opone radicalmente a las prácticas políticas, culturales y sociales que habían existido durante trescientos años en la América española. La Declaración es notable por ser el primer caso de una Colonia española de América que declara su independencia absoluta. Las siete provincias explicaron sus razones para esta acción, entre ellas, que era funesto que una pequeña nación de Europa gobernara las grandes extensiones del Nuevo Mundo, y que Venezuela había recuperado el derecho a la autonomía después de las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII en Bayona que condujo a la ocupación del trono español por la dinastía francesa Bonaparte. Esta inestabilidad política en España dictó que los venezolanos debían gobernarse por sí mismos, a pesar de la hermandad que compartían con los españoles. Las tres provincias restantes no participaron en dicho Congreso Constituyente debido a su decisión de permanecer bajo la autoridad de la Corona Española representada por el Consejo de Regencia de España e Indias. La nueva nación que esta declaración proclamó sería la Confederación Americana de Venezuela, posteriormente con la promulgación de la Constitución Federal de 1811 oficializaría el nombre de la nación como Estados de Venezuela. Fue elaborada por Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi, ratificada por el Congreso el 7 de julio de 1811, y pasada al libro de Actas el 17 de agosto de 1811, en Caracas. Cada 5 de julio se celebra como el Día de la Independencia de Venezuela. El Libro de Actas original del primer Congreso de Venezuela que contiene la Declaración se encuentra en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo, en Caracas. Antecedentes[editar] Artículo principal: Revolución del 19 de abril de 1810 Juan Germán Roscio, el autor principal y firmante de la Declaración de Independencia El 19 de abril de 1810 se convoca un Cabildo extraordinario en la ciudad de Caracas como respuesta inmediata a la disolución de la Junta Suprema de España, la renuncia del Rey Fernando VII, iniciando inadvertidamente con ello la lucha por la independencia de Venezuela. El movimiento se originó por el rechazo de los caraqueños al nuevo gobernador de de la Provincia de Venezuela y Capitán General de Venezuela Vicente Emparan, quien había sido nombrado por el hermano de Napoleón Bonaparte, José I de España, que se desempeñaba como rey de turno debido al derrocamiento del Rey Español, tras la invasión napoleónica en España. La Junta Suprema fue un gobierno provisional, surgido de los sucesos del 19 de abril. Actuó hasta el 2 de marzo de 1811, y fue eventualmente un gobierno de transición, no independiente, partidario de la Corona española. Sin embargo, esta Junta llevó a cabo reformas en el orden interno, trató de unificar las provincias y reforzar su autonomía, e hizo gestiones en el exterior para obtener la solidaridad de otras colonias y el reconocimiento y la ayuda de las naciones extranjeras. El carácter de este gobierno "conservador de los derechos de Fernando VII" no le permitía ir más allá de la autonomía que se había proclamado el 19 de abril. Por esa razón, la Junta resolvió convocar a elecciones e instalar un Congreso General ante el cual declinar sus poderes y que decidiera la suerte futura de las provincias venezolanas. La convocatoria fue hecha en junio, y fue acatada por las provincias de Caracas, Barquisimeto, Cumaná, Barcelona, Mérida, Margarita y Trujillo, mas no por las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana, pues aunque todas estaban igualmente contrariadas por la presencia de un rey usurpador francés en la Corona española, estas tres provincias manifestaron su desacuerdo con el desconocimiento de la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias reunido en Cádiz. No obstante, la convocatoria a elecciones fue la medida de mayor trascendencia política de la Junta, pues aseguró la transformación del gobierno de facto en un régimen constitucional independiente. Las elecciones se practicaron entre octubre y noviembre de 1810. El reglamento electoral era censitario pues daba el voto a los hombres libres, mayores de 25 años y propietarios de bienes raíces, y no hubo voto para las mujeres, ni los esclavos, ni la gran mayoría de la población carentes de bienes de fortuna. De esta manera, vino a resultar un Congreso formado en su totalidad por representantes de la oligarquía criolla. Por eso, aquel cuerpo no pudo llevar a cabo transformaciones radicales en el orden social o económico, y sólo realizó el cambio político que le resultase adecuado a sus integrantes. El reglamento dispuso, además, que las elecciones se hicieran en dos grados: primero, los votantes nombraban a los electores de la parroquia; y luego, estos electores, reunidos en asamblea electoral en la capital de la provincia, designaban los representantes al Congreso, a razón de un diputado por cada 20.000 habitantes. Practicadas las elecciones, resultaron electos 44 diputados, los cuales se instalaron y sesionaron en Congreso por primera vez el 2 de marzo de 19 en la casa del Conde de San Javier (actual esquina El Conde en Caracas). Las provincias estuvieron representadas así: Caracas 24 diputados; Barinas 9; Cumaná 4; Barcelona 3; Mérida 2; Trujillo 1; Margarita 1. A medida que se fueron desarrollando las sesiones del Congreso, la idea de la Independencia fue ganando adeptos en el seno del mismo. Muchos diputados la apoyaron con apasionados alegatos, otros con argumentos históricos. Entre los diputados que se oponían a la ruptura definitiva con la corona española, se encontraba el sacerdote de La Grita, Fernando Vicente Maya, quien pronto se vio abrumado por los discursos de Fernando Peñalver, Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda, Francisco Javier Zuarez y muchos más, favorables a la idea de la Independencia absoluta. Mientras tanto, los ánimos de los jóvenes radicales se caldeaban en las reuniones de la Sociedad Patriótica, incluido el del joven Simón Bolívar, quien lanzó ante las dudas sobre la Independencia la famosa pregunta: "¿Trescientos años de calma, no bastan?". Declaración de Independencia 5 de julio de 1811[editar] Elaboración y Aprobación por el Congreso[editar] Firma del Acta de la Independencia en 1811 Francisco de Miranda, Precursor de la Independencia y firmante de la Declaración El 3 de julio se inició el debate en el Congreso, y el día 5 a comienzos de la tarde se procede a la votación que terminó hacia las 2:30 de la tarde, resultando aprobada la Independencia con 40 votos a favor. De inmediato, el Presidente del Congreso, Diputado Juan Antonio Rodríguez, anunció que estaba "Declarada solemnemente la Independencia absoluta de Venezuela". En la misma tarde del 5 de julio el Congreso celebró otra sesión, en la que se acordó redactar un documento, cuya elaboración fue encomendada al diputado Juan Germán Roscio y al secretario del Congreso, Francisco Isnardi. En este documento debían aparecer los motivos y causas que produjeron la Declaración de la Independencia, para que sometido a la revisión del Congreso, sirviese de Acta y pasara al Poder Ejecutivo. El Acta fue aprobada el día 7 de julio por todos los diputados, con la sola excepción del padre Fernando Vicente Maya, diputado por La Grita. Poco a poco la fueron firmando los representantes, pasada al libro de Actas del Congreso el 17 de agosto, hasta que el 18 de ese mes estamparon las últimas firmas. Jura de la Independencia[editar] A consecuencia del decreto del ejecutivo publicado el 8 de julio de 1811, fue solemnemente publicada en Caracas el Acta de la Independencia el domingo 14 de julio. Al frente de la multitud que presenció los actos se hallaban los jóvenes hijos de José María España, uno de los precursores y mártires de la Conspiración independentista de 1797, quienes llevaban en alto la bandera tricolor diseñada por Miranda y aprobada por el Congreso, siendo izada ese día en el Cuartel San Carlos y la Plaza Mayor. El secretario de decretos del Poder Ejecutivo, José Tomás Santana, leyó en voz alta, en las principales esquinas de Caracas, el Acta de Independencia. Ese mismo día prestó juramento la Tropa congregada en la plaza mayor. El lunes 15 de julio se procedió en la sede del Congreso a la solemne jura de la Independencia por parte de las principales autoridades: lo hicieron primero los Diputados, luego el Poder Ejecutivo, después la Alta Corte de Justicia, el Gobernador Militar de Caracas y el Arzobispo. Texto del Acta En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía. No queremos, sin embargo, empezar alegando los derechos que tiene todo país conquistado, para recuperar su estado de propiedad e independencia; olvidamos generosamente la larga serie de males, agravios y privaciones que el derecho funesto de conquista ha causado indistintamente a todos los descendientes de los descubridores, conquistadores y pobladores de estos países, hechos de peor condición, por la misma razón que debía favorecerlos; y corriendo un velo sobre los trescientos años de dominación española en América, sólo presentaremos los hechos auténticos y notorios que han debido desprender y han desprendido de derecho a un mundo de otro, en el trastorno, desorden y conquista que tiene ya disuelta la nación española. Este desorden ha aumentado los males de la América, inutilizándole los recursos y reclamaciones, y autorizando la impunidad de los gobernantes de España para insultar y oprimir esta parte de la nación, dejándola sin el amparo y garantía de las leyes. Es contrario al orden, imposible al gobierno de España, y funesto a la América, el que, teniendo ésta un territorio infinitamente más extenso, y una población incomparablemente más numerosa, dependa y esté sujeta a un ángulo peninsular del continente europeo. Las sesiones y abdicaciones de Bayona, las jornadas del Escorial y de Aranjuez, y las órdenes del lugarteniente duque de Berg, a la América, debieron poner en uso los derechos que hasta entonces habían sacrificado los americanos a la unidad e integridad de la nación española. Venezuela, antes que nadie, reconoció y conservó generosamente esta integridad por no abandonar la causa de sus hermanos, mientras tuvo la menor apariencia de salvación. América volvió a existir de nuevo, desde que pudo y debió tomar a su cargo su suerte y conservación; como España pudo reconocer, o no, los derechos de un rey que había apreciado más su existencia que la dignidad de la nación que gobernaba. Cuantos Borbones concurrieron a las inválidas estipulaciones de Bayona, abandonando el territorio español, contra la voluntad de los pueblos, faltaron, despreciaron y hollaron el deber sagrado que contrajeron con los españoles de ambos mundos, cuando, con su sangre y sus tesoros, los colocaron en el bono a despecho de la Casa de Austria; por esta conducta quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos. Los intrusos gobiernos que se abrogaron la representación nacional aprovecharon pérfidamente las disposiciones que la buena fe, la distancia, la opresión y la ignorancia daban a los americanos contra la nueva dinastía que se introdujo en España por la fuerza; y contra sus mismos principios, sostuvieron entre nosotros la ilusión a favor de Fernando, para devorarnos y vejarnos impunemente cuando más nos prometían la libertad, la igualdad y la fraternidad, en discursos pomposos y frases estudiadas, para encubrir el lazo de una representación amañada, inútil y degradante. Luego que se disolvieron, sustituyeron y destruyeron entre sí las varias formas de gobierno de España, y que la ley imperiosa de la necesidad dictó a Venezuela el conservarse a sí misma para ventilar y conservar los derechos de su rey y ofrecer un asilo a sus hermanos de Europa contra los males que les amenazaban, se desconoció toda su anterior conducta, se variaron los principios, y se llamó insurrección, perfidia e ingratitud, a lo mismo que sirvió de norma a los gobiernos de España, porque ya se les cerraba la puerta al monopolio de administración que querían perpetuar a nombre de un rey imaginario. A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios, contra la voluntad de nuestros hermanos de Europa, se nos declara en estado de rebelión, se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones de Europa implorando sus auxilios para oprimirnos. Sin hacer el menor aprecio de nuestras razones, sin presentarlas al imparcial juicio del mundo, y sin otros jueces que nuestros enemigos, se nos condena a una dolorosa incomunicación con nuestros hermanos; y para añadir el desprecio a la calumnia se nos nombran apoderados, contra nuestra expresa voluntad, para que en sus Cortes dispongan arbitrariamente de nuestros intereses bajo el influjo y la fuerza de nuestros enemigos. Para sofocar y anonadar los efectos de nuestra representación, cuando se vieron obligados a concedérnosla, nos sometieron a una tarifa mezquina y diminuta y sujetaron a la voz pasiva de los ayuntamientos, degradados por el despotismo de los gobernadores, la forma de la elección; lo que era un insulto a nuestra sencillez y buena fe, más bien que una consideración a nuestra incontestable importancia política. Sordos siempre a los gritos de nuestra justicia, han procurado los gobiernos de España desacreditar todos nuestros esfuerzos declarando criminales y sellando con la infamia, el cadalso y la confiscación, todas las tentativas que, en diversas épocas, han hecho algunos americanos para la felicidad de su país, como lo fue la que últimamente nos dictó la propia seguridad, para no ser envueltos en el desorden que presentíamos, y conducidos a la horrorosa suerte que vamos ya a apartar de nosotros para siempre; con esta atroz política, han logrado hacer a nuestros hermanos insensibles a nuestras desgracias, armarlos contra nosotros, borrar de ellos las dulces impresiones de la amistad y de la consanguinidad, y convertir en enemigos una parte de nuestra gran familia. Cuando nosotros, fieles a nuestras promesas, sacrificábamos nuestra seguridad y dignidad civil por no abandonar los derechos que generosamente conservamos a Fernando de Borbón, hemos visto que a las relaciones de la fuerza que le ligaban con el Emperador de los franceses ha añadido los vínculos de sangre y amistad, por lo que hasta los gobiernos de España han declarado ya su resolución de no reconocerle sino condicionalmente. En esta dolorosa alternativa hemos permanecido tres años en una indecisión y ambigüedad política, tan funesta y peligrosa, que ella sola bastaría a autorizar la resolución que la fe de nuestras promesas y los vínculos de la fraternidad nos habían hecho diferir; hasta que la necesidad nos ha obligado a ir más allá de lo que nos propusimos, impelidos por la conducta hostil y desnaturalizada de los gobiernos de España, que nos ha relevado del juramento condicional con que hemos sido llamados a la augusta representación que ejercemos. Mas nosotros, que nos gloriamos de fundar nuestro proceder en mejores principios, y que no queremos establecer nuestra felicidad sobre la desgracia de nuestros semejantes, miramos y declaramos como amigos nuestros, compañeros de nuestra suerte, y participes de nuestra felicidad, a los que, unidos con nosotros por los vínculos de la sangre, la lengua y la religión, han sufrido los mismos males en el anterior orden; siempre que, reconociendo nuestra absoluta independencia de él y de toda otra dominación extraña, nos ayuden a sostenerla con su vida, su fortuna y su opinión, declarándolos y reconociéndolos (como a todas las demás naciones) en guerra enemigos, y en paz amigos, hermanos y compatriotas. En atención a todas estas sólidas, públicas e incontestables razones de política, que tanto persuaden la necesidad de recobrar la dignidad natural, que el orden de los sucesos nos ha restituido, en uso de los imprescriptibles derechos que tienen los pueblos para destruir todo pacto, convenio o asociación que no llena los fines para que fueron instituidos los gobiernos, creemos que no podemos ni debemos conservar los lazos que nos ligaban al gobierno de España, y que, como todos los pueblos del mundo, estamos libres y autorizados para no depender de otra autoridad que la nuestra, y tomar entre las potencies de la tierra, el puesto igual que el Ser Supremo y la naturaleza nos asignan y a que nos llama la sucesión de los acontecimientos humanos y nuestro propio bien y utilidad. Sin embargo de que conocemos las dificultades que trae consigo y las obligaciones que nos impone el rango que vamos a ocupar en el orden político del mundo, y la influencia poderosa de las formas y habitudes a que hemos estado, a nuestro pesar, acostumbrados, también conocemos que la vergonzosa sumisión a ellas, cuando podemos sacudirlas, sería más ignominiosa para nosotros, y más funesta para nuestra posteridad, que nuestra larga y penosa servidumbre, y que es ya de nuestro indispensable deber proveer a nuestra conservación, seguridad y felicidad, variando esencialmente todas las formas de nuestra anterior constitución. Por tanto, creyendo con todas estas razones satisfecho el respeto que debemos a las opiniones del género humano y a la dignidad de las demás naciones, en cuyo número vamos a entrar, y con cuya comunicación y amistad contamos, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Venezuela, poniendo por testigo al Ser Supremo de la justicia de nuestro proceder y de la rectitud de nuestras intenciones, implorando sus divinos y celestiales auxilios, y ratificándole, en el momento en que nacemos a la dignidad, que su providencia nos restituye el deseo de vivir y morir libres, creyendo y defendiendo la santa, católica y apostólica religión de Jesucristo. Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límite y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes. Y para hacer válida, firme y subsistente esta nuestra solemne declaración, demos y empeñamos mutuamente unas provincias a otras, nuestras vidas, nuestras fortunas y el sagrado de nuestro honor nacional. Dada en el Palacio Federal y de Caracas, firmada de nuestra mano, sellada con el gran sello provisional de la Confederación, refrendada por el Secretario del Congreso, a cinco días del mes de julio del año de mil ochocientos once, el primero de nuestra independencia. Por la provincia de Caracas, Isidoro Antonio López Méndez, diputado de la ciudad de Caracas; Juan Germán Roscio, por el partido de la villa de Calabazo; Felipe Fermín Paul, por el partido de San Sebastián; Francisco Javier Ustáriz, por el partido de San Sebastián; Nicolás de Castro, diputado de Caracas; Juan Antonio Rodríguez Domínguez, Presidente, diputado de Nutrias, en Barinas; Luis Ignacio Mendoza, Vicepresidente, diputado de Obispos, en Barinas; Fernando de Peñalver, diputado de Valencia; Gabriel Pérez de Pagola, diputado de Ospino; Salvador Delgado, diputado de Nirgua; el Marqués del Toro, diputado de la ciudad de El Tocuyo; Juan Antonio Díaz Argote, diputado de la Villa de Cura; Gabriel de Ponte, diputado de Caracas; Juan José Maya, diputado de San Felipe; Luis José de Cazorla, diputado de Valencia; doctor José Vicente Unda, diputado de Guanare; Francisco Javier Yanes, diputado de Araure; Fernando Rodríguez del Toro, diputado de Caracas; Martín Tovar Ponte, diputado de San Sebastián; Juan Toro, diputado de Valencia; José Ángel de Álamo, diputado de Barquisimeto; Francisco Hernández, diputado de San Carlos; Lino de Clemente, diputado de Caracas. Por la provincia de Cumaná, Francisco Javier de Mayz, diputado de la capital; José Gabriel de Alcalá, diputado de ídem; Juan Bermúdez, diputado del Sur; Mariano de la Cova, diputado del Norte. Por la de Barcelona, Francisco Miranda, diputado del Pao; Francisco Policarpo Ortiz, diputado de San Diego. Por la de Barinas, Juan Nepomuceno de Quintana, diputado de Achaguas; Ignacio Fernández, diputado de la capital de Barinas; Ignacio Ramón Briceño, representante de Pedraza; José de Sata y Bussy, diputado de San Fernando de Apure; José Luis Cabrera, diputado de Guanarito; Ramón Ignacio Méndez, diputado de Guasdualito; Manuel Palacio, diputado de Mijagual. Por la de Margarita, Manuel Plácido Maneyro. Por la de Mérida, Antonio Nicolás Briceño, diputado de Mérida; Manuel Vicente de Maya, diputado de la Grita. Por la de Trujillo, Juan Pablo Pacheco. Por la villa de Aragua, provincia de Barcelona, José María Ramírez. Refrendado: Hay un sello. Francisco Isnardi, Secretario. Palacio Federal de Caracas, 8 de julio de 1811. Por la Confederación de Venezuela, el Poder Ejecutivo ordena que el Acta antecedente sea publicada, ejecutada y autorizada con el sello del Estado y Confederación. Cristóbal de Mendoza, Presidente en turno; Juan de Escalona; Baltasar Padrón; Miguel José Sanz, Secretario de Estado; Carlos Machado, Canciller Mayor; José Tomas Santana, Secretario de Decretos. En consecuencia, el Supremo Poder Ejecutivo ordena y manda que se pase oficio de ruego y encargo al muy reverendo Arzobispo de esta Diócesis, para que disponga que el día de la solemne publicación de nuestra Independencia, que debe ser el domingo 14, se dé, como voluntariamente ha ofrecido y corresponde, un repique de campanas en todas las iglesias de esta capital, que manifieste el júbilo y alegría del virtuoso pueblo caraqueño y su prelado apostólico. Y que en acción de gracias al Todopoderoso por sus beneficios, auxilios y suma bondad en restituirnos al estado en que su providencia y sabiduría infinita creo al hombre, se cante el 16 misa solemne con Te deum en la Santa Iglesia Metropolitana, asistiendo a la función todos los cuerpos y comunidades en la forma acostumbrada. Que se haga salve general por las tropas al acto de dicha publicación y se enarbole la bandera y pabellón nacional en el cuartel de San Carlos, pasándose al efecto la orden al Gobernador militar por la Secretaria de Guerra; y desde hoy en adelante se use por todos los ciudadanos, sin distinción, la escarapela y divisa de la Confederación venezolana, compuesta de los colores azul celeste al centro, amarillo y encarnado a las circunferencias, guardando en ella uniformidad. Que se ilumine por tres noches la ciudad, de un modo noble y sencillo, sin profusión ni gastos importunos, empezando desde el propio día domingo. Que inmediatamente se reciba a la tropa el juramento de reconocimiento y fidelidad, prescrito por el Supremo Congreso, cuyo acto solemne se hará públicamente, y a presencia del referido gobernador militar y demás jefes de la guarnición. Que en los días subsecuentes al de esta publicación, comparezcan ante S. A. el Supremo Poder Ejecutivo todos los cuerpos de esta ciudad, políticos, eclesiásticos y militares, a prestar el propio juramento, y que por lo embarazoso y dispendioso que se haría este acto, si hubiesen de prestarlo también todos los individuos ante S. A., se comisiona a los alcaldes de cuartel, para que con la escrupulosidad, circunspección y exactitud que corresponde en materia tan delicada, procedan a tomarle, y recibirle por la fórmula que se les comunicará, conforme a lo prescrito por el Supremo Congreso, concurriendo a sus casas, o donde señalaren los de cada cuartel, desde el miércoles 17 del corriente, a las nueve de la mañana hasta la una; y por la tarde, desde las cuatro hasta las siete de la noche; prevenidos de que este juramento será el acto característico de su naturalización y calidad de ciudadano, como también de la obligación en que quedará el Estado a proteger su honor, persona y bienes; sentando en un libro esta operación que deben firmar los juramentados, si supieren, o en su defecto otro a su ruego, cuyo libro deberán remitir dentro de veinte días, que se asignan de término para esto, a la Secretaria de Estado para archivarse. Que se pase por las respectivas secretarias aviso a los comandantes militares y políticos de los puertos de La Guaira y Cabello, y a las demás justicias y regimientos de las ciudades, villas y lugares de esta provincia, con copia del acta, y decreto del Supremo Congreso, relativo a ella, para que dispongan su ejecución, publicación y cumplimiento, y se haga el juramento, según queda ordenado. Que se comunique también a las provincias confederadas para su inteligencia y observancia, como lo ordena el Supremo Congreso. Y finalmente, que en el concepto de que por la declaratoria de Independencia han obtenido los habitantes de estas provincias y sus confederadas, la dignidad y honrosa vestidura de ciudadanos libres, que es lo más apreciable de la sociedad, el verdadero título del hombre racional, el terror de los ambiciosos y tiranos, y el respeto y consideración de las naciones cultas, deben por lo mismo sostener a toda costa esta dignidad, sacrificando sus pasiones a la razón y a la justicia, uniéndose afectuosa y recíprocamente; y procurando conservar entre sí la paz, fraternidad y confianza que hacen respetables, firmes y estables los estados, cuyos miembros proscriben las preocupaciones insensatas, odios y personalidades, que tanto detestan las sabias máximas naturales, políticas y religiosas; en el concepto de que el Supremo Gobierno sabe muy bien que no hay para los ciudadanos nada más sagrado que la patria, ni más digno de castigo que lo contrario a sus intereses; y que por lo mismo sabrá imponer con la mayor severidad las penas a que se hagan acreedores los que de cualquier modo perturben la sociedad y se hagan indignos de los derechos que han recuperado por esta absoluta independencia ya declarada, y sancionada legítimamente con tanta razón, justicia, conveniencia y necesidad. El Supremo Poder Ejecutivo, finalmente, exhorta y requiere, ordena y manda a todos, y a cada uno de los habitantes, que uniéndose de corazón y resueltos de veras, firmes, fuertes y constantes, sostengan con sus facultades corporales y espirituales la gloria que con tan sublime empresa adquieren en el mundo, y conservarán en la historia con inmortal renombre. Dado en el Palacio Federal de Caracas, firmado de los ministros que componen el Supremo Poder Ejecutivo, sellado con el provisional de la Confederación, y refrendado del infrascrito secretario, con ejercicio de decretos. Cristóbal de Mendoza, Presidente en turno. Juan de Escalona. Baltazar Padrón. José Tomás Santana, Secretario. Firmantes Firmaron el acta los diputados presentes: Por la Provincia de Caracas: Juan Antonio Rodríguez Domínguez (presidente) Luis Ignacio Mendoza (vicepresidente) Isidro Antonio López Méndez Juan Germán Roscio Felipe Fermín Paúl Francisco Xavier Ustariz Nicolás de Castro Fernando de Peñalver, Gabriel Pérez de Pagola Salvador Delgado El Marqués del Toro Juan Antonio Días Argote Gabriel de Ponte Francisco Isnardi (secretario) Juan José Maya Luis José de Carzola José Vicente Unda Francisco Xavier Yanes Fernando Toro Martín Tovar Ponte José Ángel de Álamo - Jesus Dugarte Francisco Hernández Lino de Clemente Juan Toro. Por la Provincia de Cumaná: Francisco Xavier de Mayz José Gabriel de Alcalá Juan Bermúdez Mariano de la Cava. Por la Provincia de Barinas: Juan Nepomuceno de Quintana Ignacio Fernández Ignacio Ramón Briceño José de la Santa y Bussy José Luis Cabrera Ramón Ignacio Méndez Manuel Palacio Por la Provincia de Barcelona: Francisco de Miranda Francisco Policarpo Ortiz José María Ramírez Por la Provincia de Margarita: Manuel Plácido Maneiro Por la Provincia de Mérida: Antonio Nicolás Briceño Manuel Vicente de Maya Por la Provincia de Trujillo: Juan Pablo Pacheco
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